Oaxaca: entre barroco y mesoamericano

alejandra Romano

Marzo, 2026

Oaxaca

 

Oaxaca es un escenario vivo de contradicciones y armonías. Sus habitantes y sus visitantes están invitados a experimentarlo. Contrasta la monumentalidad, el ornato y el simbolismo de lo barroco con la imaginación combinada de la modernidad el progreso y la tecnología que se expresan en su cultura contemporánea. Pero no se trata de una oposición: lo barroco y lo contemporáneo dialogan y se confrontan en las puertas de los templos y en los muros de piedra, en la madera y el adobe que los rodean; en las festividades, en el arte tradicional y en el arte urbano; en la platería y en la arquitectura contemporánea.

 

La llegada del barroco a Oaxaca fue un fenómeno exterior. Los ejemplos más tempranos y más evidentes se notan en la arquitectura monumental, en los templos, en los conventos y en las casas de los europeos. Las iglesias y conventos, como las casas de los europeos, conservan todavía el lenguaje barroco español con sus fachadas y retablos, pero, a medida que se avanza por el camino de la civilización, el barroco oaxaqueño va volviéndose más rico, más peculiar, más mexicano y menos español.

 

La complejidad del actual momento cultural de esta región permite también resituar la herencia barroca y conservarla en toda su grandeza, no como mera postal sino como una parte vivita de la identidad oaxaqueña. Todo ello invita a la revalorización del patrimonio, a la participación en la vida cultural y al ejercicio turístico del sentido de pertenencia.


Las manifestaciones contemporáneas más visibles en Oaxaca son el arte gráfico, plástico y urbano, la arquitectura moderna y el desarrollo cultural, junto con la grandeza de sus artesanías, el arte textil, la joyería y la cerámica, además de la enorme variedad de sus exquisitos mezcales.
Hay que entender que lo contemporáneo no se limita a lo nuevo o la modernidad, en Oaxaca, siempre tiene que existir una referencia a la pertenencia y a un sentido de comunidad. No hay lugar para la condena de lo viejo o tradicional. Por el contario, es fundamental recuperar un sentido de la contemporaneidad en conexión real con la historia y tradición del pueblo originario.


El desarrollo de infraestructuras y de servicios de calidad, la creación de circuitos turísticos y educativos que organizan y clasifican la oferta artística y cultural, así como la preservación del patrimonio material e inmaterial, son una oportunidad que debe ser aprovechada, no sólo por el Estado, sino sobre todo, por los oaxaqueños.

 

La cultura en su sentido más amplio no es solo lo que hacen o han hecho los habitantes de una comunidad, sino lo que hacen o han hecho todos los que han llegado de fuera y la han influenciado. Muchas de las manifestaciones actuales de esta cultura son el resultado de la participación ciudadana en la vida cultural y artística de la ciudad. La integración de los públicos, las comunidades y los visitantes en ese proceso de experimentación y participación es una de las fórmulas que fortalecen la vida cultural oaxaqueña.

 

En la arquitectura vemos como se materializa el pensamiento indígena novohispano y se organiza el espacio social, particularmente evidente en las iglesias. "Utilizando una metodología mixta, se analizan unidades decorativas en las portadas de las iglesias para identificar patrones conductuales." [1] El resultado de ello es la integración de elementos europeos y autóctonos, manifestando una notable convergencia cultural.

 

Es común que en las comunidades donde hay una población predominante indígena, existan sistemas de organización y estructuras políticas autónomas, y gestionan ellos mismos las actividades sociales, económicas y comunitarias. Estas comunidades han contribuido no solo a la organización social sino también al diseño arquitectónico, desempeñando un papel central en la creación de espacios religiosos cargados de simbolismo mesoamericano.

 

Los patrones iconográficos que se encuentran sobre todo en las fachadas y altares de de las iglesias "sugieren un sistema conductual y un lenguaje simbólico que vincula estos espacios con prácticas rituales y creencias ancestrales... El pensamiento mesoamericano se refleja en esta arquitectura mediante mitos y símbolos incorporados en sus elementos estructurales y decorativos." [2]


Esto ha convertido a Oaxaca en un paraíso cultural en el que conviven lo mesoamericano, lo barroco y lo contemporáneo y nos invita a experimentar, redescubrir, redimensionar y revalorizar su alma. El diálogo y la continuidad entre las distintas épocas es lo que da sentido a la cultura oaxaqueña y la memoria cultural está viva en su arquitectura, en el arte, en la música y artesanías tan características de esta región..


La fusión alcanzada en la música, en la religión y en las festividades donde la comunidad honra a sus deidades propias y a al dios y santos cristianos, la mezcla de voces y de ritmos presentes en la música y en la danza, y el uso de un lenguaje pictórico y escultórico sincresista, han servido de base para la creación de un verdadero arte que ha trascendido el tiempo y fronteras y son la evidencia de la autenticidad de la cultura oaxaqueña actual.

 

 

 

Notas:
Sánchez Tornero, Francisco Javier y Eugenia María Azevedo, Arquitectura barroca hispanoamericana periférica. Memoria e identidad indígena en México, en PatryTer, vol 8, Nº 15, 2025. https://doi.org/10.26512/patryter.v8i15.54571

 


SOBRE LA AUTORA

GAlejandra Romano (Ciudad de México, 1992) Estudió diseño gráfico en la UAM y la licenciatura en letras. Ha trabajado en el área de diseño gráfico y editorial electrónico en empresas pioneras del diseño digital. Actualmente cursa una especialización en cine y edición de video y es la asistente en diseño y programación de El Rizo Robado.

 

 

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