Entiendo el arte de la performance como una práctica de arte intermedia. Una práctica intermedia está siempre situada a medio camino entre dos o más ramas específicas de arte. Y así, una performance podría estar situada entre la poesía y el teatro, por ejemplo, aunque el resultado, tras su integración, dejaría de ser entendido como poesía o como teatro, para situarse en un territorio distinto y diferente, derivado de la fusión de estas dos prácticas artísticas y alejado a su vez tanto de la poesía como del teatro. a esa fusión no se le podrá llamar collage en ningún caso, sino más bien imbricación o amalgama. Esta es, tal vez, la primera dificultad que se plantea al intentar construir una performance.
Por ello, el concepto de performance abarcará muy diversos modos de hacer. Tratará de un territorio muy extenso, dadas las múltiples posibilidades de conexión entre pintura, música, video, cine, teatro, poesía o escultura, entre otras artes.
La práctica de la performance se centra en el proceso, más que en el resultado. Importará más el modo de desarrollo de la acción, que el lugar a donde nos conduce. Y su desarrollo tendrá en cuenta el espacio, el tiempo, el cuerpo del performer, su presencia, la energía, la idea y el alejamiento de la representación.
El espacio es uno de los elementos a tener en cuenta. Deberíamos escogerlo y decidir si la acción se va a llevar a cabo en aquel lugar o en cualquier otro. Habría que optar, de este modo, por una trayectoria determinada que dará forma al recorrido mismo de la performance. Podríamos escoger, por ejemplo, un lugar fijo y concreto; un lugar en el cual se vaya a desarrollar toda la acción, o bien podríamos considerar que la elección de dos o más lugares distintos, relacionados entre sí, es lo más conveniente para la realización práctica de la idea.
Pero ese espacio que tratamos no es un vacío. El espacio es un material aéreo, es un cuerpo etéreo, podríamos decir, que se relaciona en términos de igualdad con el cuerpo o con los cuerpos que integran la acción. Observar una performance exigiría sentir el espacio como un elemento más, en ese cruce matérico con el performer que define y particulariza la acción. Y así, por este motivo, el espacio no estará al servicio de la acción, sino que más bien, diremos, formará parte de la propia performance.
Añadiré aquí, que siempre he considerado de interés el tratamiento de un espacio mínimo, concentrado y focalizado. Me da la impresión de que, al hacer uso de una dimensión reducida, se produce cierta concentración general de la atención, y se manifiesta, además, un alejamiento de la idea de espectáculo, que, en mi opinión, nada tiene que ver con la noción de performance.
Un segundo elemento a tener en cuenta es el temporal. Cada uno de nosotros tiene una concepción distinta del tiempo. El ritmo corporal interno propio es diferente del de la persona que tenemos al lado. Por ello, para la realización de una performance, habríamos de aprender a aproximarnos a nuestro "reloj interno", a nuestro ritmo íntimo, ese que mostramos mediante el movimiento del cuerpo en el proceso de la acción. Y para llegar a ello, realizo y enseño ejercicios de concentración mental, siguiendo la doctrina Sunyata, que hace referencia al vacío mental, y trato, poco a poco, en cada ejercicio, de percibir mi cabeza vacía de recuerdos y de pensamientos durante algunos minutos. Y durante este breve período intento que mi cuerpo-máquina me desvele y me muestre ese "tiempo íntimo" al que hacía referencia más arriba, y al que quisiera encontrar en mis propias performances.
Para el grupo japonés Gutaï, lo importante en el arte de acción era hacer perceptible el espacio y el tiempo. Hacerlo perceptible, tanto al otro, al receptor, como al propio performer. Probablemente el factor temporal se hace más perceptible o visible cuando se muestra de forma discontinua, fragmentaria, interrumpida; cuando se evita la exposición de lo narrativo y no se relata ni describe nada en concreto. En realidad, yo entiendo así el arte de la performance: ajeno al ejercicio de lo narrativo. No hay nada que contar ni decir al otro. Bajo mi punto de vista se trataría de articular fragmentos, insinuaciones, apuntes o notas, las cuales, vistas en su conjunto carecen de sentido, pero que, en palabras de la crítica de arte y performance Josette Féral, "generan sentido". Y una performance podía ser brevísima o tener una gran duración. Podría durar tan sólo un instante o prolongarse mucho en el tiempo. No hay nada predicho cuando iniciamos el desarrollo de una idea de acción.
Por otra parte, en toda performance se debería exigir un cierto alejamiento del concepto de actor. El performer no es un actor. Su cuerpo interviene disuelto y descentrado entre los demás componentes de la acción. Se trata de un cuerpo que se relaciona con los objetos tratándolos al mismo nivel: yo soy tan objeto -me diría a mí mismo-, como el objeto con el que me relaciono en la acción. Y así, si una hoja de papel interviniera en mi pieza, por ejemplo, procuraría sentirme tan "hoja de papel" como ella. De ese modo provocaría una conexión o una relación distinta con el objeto. El cuerpo del performer se convertiría así en un cuerpo neutro, objetualizado, próximo al de un sujeto cero.
Otro aspecto importante es la intensidad de la acción y el contagio que se pueda producir por medio de ésta, al público y al mismo performer. Marina Abramovic afirmaba que "en la performance habría que dejar fluir la energía". Una energía que entendemos como carga o como impulso capaz de conmover, tranquilizar o inquietar al otro. Y añadiré aquí que, bajo mi punto de vista, el procedimiento más adecuado que posibilita la transmisión de la energía sería el nivel de presencia del performer. Un concepto, el de presencia que se podría definir como de unidad entre cuerpo y mente enlazados a su vez con la concentración y la instantaneidad. Presencia, la del performer, que transmite al espectador una gran fuerza. Presencia que aumenta la intensidad de la comunicación con el otro.
Pero, además, en la performance, cuando la percepción del receptor se mantiene abierta o activa, o cuando la lectura del proceso no queda reducida al mero gesto de tragar o engullir lo presentado, se produce normalmente una cierta participación mental o sensible por parte de un público, el cual, a diferencia de lo que ocurría en el happening, no se le pide que participe físicamente. Se trataría habitualmente de una participación mental, no de un intercambio ni de una participación física, ya que se crearía una distancia o separación entre el performer y el receptor; distancia que ayudaría a éste a una individualizada percepción de lo observado. Pero he de decir, no obstante, que en épocas más recientes, en algunas ocasiones, el performer, en el proceso de la acción, invita al público o a parte de él a formar parte activa de la misma, integrando así la noción de happening en la propia performance.
Y diré finalmente que uno de los aspectos más relevantes en la performance es el alejamiento del concepto de representación. De ese modo, alejado de la representación, el sentido de la performance se abre, se dispersa y se multiplica. Representar significa copiar alguna cosa; reproducir algo anteriormente conocido, y volverlo a mostrar evocando el acontecimiento, rememorándolo. A eso añadiré el hecho de que toda representación contiene y conlleva un cierto condicionamiento producido por la realidad evocada. Por ello, si el grado de representación es elevado, la performance pierde interés. Evitar ese condicionamiento tendrá gran importancia en el arte de acción.
Pero el distanciamiento de la representación de un hecho o de un acontecimiento es siempre relativo. Considero que toda circunstancia lleva inserta en sí misma, podríamos decir, un factor de representación. Por ello, cuando hablo de alejamiento de la representación me refiero sólo a que dicha acción mantenga un parcial distanciamiento de la trama lógica del discurso y de la reproducción de lo anteriormente conocido. A ese fin, en el desarrollo de una acción, intento y procuro atender, ante todo, tanto al modo de relación entre el performer y los objetos utilizados, como a la sintaxis o articulación de las partes de la performance, las cuales constituirán, por sí mismas, el ropaje de la idea de la acción.
Bartolomé Ferrando
© Ferrando. Blago Bung Event. Cabaret Voltaire-6. Zürich. 2016. Improvisación sonora.
© Ferrando. Decadence Festival. Valencia. 2015. Foto Imke Zeinstra. Homenaje. Poema sonoro.
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